
Vete a casa. No me gusta tu tiempo. Me gustan tus ratos.
Guardas tu vida en un puñado de cajas que cargas en tu propia espalda. Las miradas pesan y ahora te das cuenta. Aunque te diré que hay quien ya ni te mira.
Tienes algo. No sé que es.
No les mires a la cara. Sumérgete en tu miedo como cuando éramos niños y soñábamos que no podías gritar. Estoy empezando a pensar que tampoco les escuchas, que te dedicas a leer los labios… a escribir las bocas… según mi concepto de madurez prematura claro.
Despierta! Sonríe. Sigue sonriendo. Bien. Mete las manos en los bolsillos y traga saliva porque aquí viene otra vez a mojarte las bragas. Besa mientras le presto todo lo que eres. Confío en ti y en que no vuelva a pasar lo de la última vez.
Me rindo. Se acabó. Esto ya no es lo que era..
Enteráte. Que te están robando el amor y eso es lo único que no puedo perdonar que le perdones.