jueves, 26 de julio de 2012

A toy story


   Pues ya estamos aquí. Cómo buena historia, ésta también es una trilogia con la última pública, porque por tercera vez me visto de gala para escribirte de largo. Sin embargo tú esta vez gritas eso de Corto y Cambio... pero bueno bastante hemos tardado. O quien iba a decir que este trasto tendría tantas garantias aquel primer día que lo usamos culpándonos de quien lo estrenó. Cómo pasa el tiempo. Hay que ver... Y ya se sabe, un mal uso deteriora...



   Aunque este juguete nos ha salido bueno al fin y al cabo. O al menos eso pienso yo. Recuerdo que lo abrí como abre un niño en Navidad. Con toda la expectación y ganas que caben en los 3 segundos que tardas en darte cuenta que lo que tienes delante es para ti. Y entonces lo probamos. Y nos gustó. Pero es que a mi me gustó tanto que dí gracias a todas las casualidades y a todos los errores que conectándose en el tiempo habían hecho que yo tuviera mi cachivache nuevo. Y fui la niña mas feliz. Incluso cuando tu jugabas con él. Bueno ahí no tanto. Pero bueno, de esa parte solo tengo que decir que fuiste sacando lo mejor de mi. Mi mejor paciencia, mi mejor tolerancia, mi mejor empatia... Tuve que hacerme paciente de mi propia cordura para seguir el ritmo de la locura que teniamos entre manos. Y así hemos ido. Unas veces en tus manos y otras veces en las mías. Pero nadie lo iba a cuidar mejor. Porque nuestro juguete ha sido así. De pasta dura y sumergible. Los golpes siempre dolerán pero al final siempre sonreíamos o no te acuerdas? Sin embargo, quizá si que se nos olvidó que aunque resistente al agua, la marea subía para no bajar. 

   Pero bueno, yo hoy escribo para dejar el buen recuerdo de algo que ha sido lo más bonito y lo más emocionante que ha dejado un juego al que yo no me atreveria a volver a jugar si no es contigo. Y es que usamos lo nuestro para ingeniar de todo. Tú te inventaste unas manos que a mi no se me hubieran ocurrido. Y yo aprendí que cuánto más me dejaba ganar tú más apostabas. Y así es como nos hemos ido recorriendo gran parte de los restaurantes chinos, en los que tenía mi segunda oportunidad calculando la cuenta ;) pero ya se sabe yo soy mas de letras y tú mas de números. Sí, por si aún no lo había dicho, hemos sido muy diferentes. Tú en especial, has sido diferente hasta el punto de que eres la marca que tus 19 y 20 años han sellado en mi pecho.

   Y pasarán los años e inevitablemente cogeremos polvo en lo alto de una leja. Tú serás como ese muñeco inofensivo que por las noches se transforma en el peor de los fantasmas. Pero no pasará nada, porque de hecho tú siempre me has dado miedo, pero un miedo especial. Y es el miedo a que un día se te olvidara que, aunque no era tu primera partida, yo también queria jugar contigo usando las mismas reglas de ilusión e inocencia. No se me olvidará nunca el día que aposté por tu espalda tan definitivamente que hoy aún la echo de menos. Y supongo que ésto es lo que más triste me pone de todo. Aceptar los cambios que los nuevos tiempos nos exigen y aun así seguir uniéndote a mis otras cosas. A saber quién me vacilará ahora con tanta experiencia, quién me sacará de quicio con tanta facilidad y quién me calmará con solo el silencio. Creo que seguiré pidiendo pesto rosso y en secreto te llamaré para negociar por la pizza. Volveré a Italia por eso de coger al toro por los cuernos. Y después iré Paris a reconciliarme conmigo misma. Entonces traeré postales llenas de sonrisas por tu cuello pero tu estarás en uno de tus días raros y dirás abrázame fuerte porque quiero jugar contigo. 

   La vida entonces dejará de apretar los puños y en un descuido aprovecharé para soplar de su palma unos cuantos deseos sin que lo sepas. Sólo que al cabo de los años, cuando haciendo cuentas contemos que ya van 100 los anillos que has perdido, que ya son 20 las diademas que se han roto, y que ya son mas de 150 las veces que he eligido mal en el cine. Que aun siguen siendo todas las apuestas que me ganas. O que sigues sin  ser capaz de hacerme un café en condiciones. Que tu moreno es cada verano mas intenso y duradero que el mio, y que me sigues teniendo que recordar que estamos jugando a las palas y no al tenis. 
Cuando pase el tiempo y tu madre siga pensando injustamente que soy yo  quién lleva los pantalones y que a mi, a pesar de todo, me siga encantando como te quedan a ti. Cuando sigamos sin acertar en los regalos de ocasión. O cuando de repente nos veamos en otra discusion en la cocina, en silencio pensarás que que haces todavía conmigo con la de mundo que hay ahí afuera. Pero yo en silencio también, te miraré y sonreiré de alivio y pensaré que con la de mundo que hay ahí afuera y estoy dentro contigo. 

   Pero antes de todo eso, parece inevitabe y necesario tener que cubrir con una sábana blanca esta historia. Dejarla ahí, en la sala de las cosas sin uso pero de las que tampoco queremos deshacernos. Por si acaso, decimos siempre...

   A mi en cualquier caso, me gusta pensar que se trata de un mero proceso de renovación. Que en Septiembre estará otra vez disponible la nueva versión de las ganas que un día tuvimos. Así que ya lo sabes, seguiré por aquí con las pilas bien puestas pero sin encender, esperando que algun truco del destino me ponga de nuevo en las manos de la niña que un día jugó conmigo. 

sábado, 7 de julio de 2012

Doler

hace años que no contamos el mismo cuento 
y el tiempo de reclamarnos era
el ultimo intento
que había en mi testamento 
desde antes siquiera
de aquella primavera
en la que nacimos

los huecos que no cubrimos
morirán conmigo
de celos
y quererte
sera como el escalofrío 
de hielo
que me recorre la espina dorsal
dejando al miedo
con  el papel principal

seras como un calambre
en el talón de aquiles 
seras como el enjambre 
de fusiles
que disparan
diecisiete veces mas
después de matar

habrá que prohibir 
la belleza
del verde
manejar 
las malas destrezas 
de tu arte
y beberse
todas las cervezas
de golpe

tendré que evitar la prosa
pasarme a esta basura 
de lineas ansiosas
de tu risa
tendremos que borrar
los alientos
por la espalda
dejar libres 
los asientos
y ser capaces 
de despegar
tu carne de mis huesos