De ese despiste simpático de gestos. De un enredo que empieza por tus manos y se agarra fuerte en tus ojos. De esa manía de pestañear las sonrisas y ese deber de que yo pestañe también. De mi lado izquierdo si me parto en dos, de mi espalda de delante o de mi pecho de detrás.
De esa pompa que explota cuando pegamos un portazo que nunca cierra. De ese rincón de tu nariz hecho con el molde de un beso. Del precipicio de tus pestañas. Del verde de tus noches. De esos incendios no provocados. De una sonrisa bien puesta. De una lagrima pasada. De la inestabilidad de mis letras. De una carrera por el centro hasta tu casa. De mirarte por el retrovisor…