lunes, 29 de noviembre de 2010

A ti, que estas llorando al otro lado del espejo



Supongo que no tiene nada de especial confesar una vida en un blog. No es nada extraordinario poder describir las risas, o los llantos, las fuerzas, o los besos, o los impulsos, las veces que te vas o las veces que no has vuelto…


Las verdaderas historias de las personas ya no trascienden más de lo que lo hacen. Las pasiones escasean de realidad. Está todo lleno de palabras que solo buscan tus debilidades emocionales al final de cada renglón. Todo lleno de afirmaciones que escarban en tu desnutrición de afectos. Las canciones, los post, los rincones solo se dedican a lanzar interrogantes que cuestionan tus formas, tus alientos, tus idas y tus venidas. Todo lo que encuentras solo te indica que las cosas no son como deberían, pero nada ni nadie te explica porqué no lo son. Que falla. O que fracasa. Que es lo que desde el principio confundimos. No sé si me entiendes. Digo que todo el mundo tiene dos mitades y yo hoy las llamaría el principio y el final de cada persona. La primera y la última parte.


La primera parte se corresponde con la falta de familiaridad y es toda mentira. Y mentira en todo su esplendor, en todas sus versiones. Cruel por piadosa, y gorda por podrida. Mentiras al fin y al cabo. Mentira y punto. La otra parte, no es la segunda, es la última, pero no tiene nada que ver con terminar, ni acabar, ni liquidar. Se trata de completar, consumar. Caducar si acaso. Vivir la degeneración de la primera parte. Que te duelan sus mentiras, en otras palabras.


Y después lo más duro. La disciplina que no se estudia. La doctrina que no se cultiva. La lección que nunca se aprende, esa que en todo caso nos termina repasando a nosotros todas las veces. Y vaya repaso. Hablo de eso de desatarnos. Descosernos. De abrir la mano. De aprender a soltar. De descubrir que las distancias ahora se miden en ganas. De bajarse en la parada de antes. De saber cuándo no hay que mirar atrás porque podría rabiar. Porque todo lo que yo tenía delante se quiere quedar detrás.



Nunca aprenderemos a decir adiós, te digo.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Conmociones



Tengo una idea. Vamos a usar la máquina del tiempo. Vamos a imaginarnos que ayer es hoy otra vez. Que tú no eres tú y que yo si soy yo. Acomódate. Que voy a inventarme los verbos para llenarte los vacios de las costillas. No te muevas. Que voy a señalarte con el dedo todo lo que no te conozco. Y voy a comprar tus cuatro paredes. Y prepárate, porque voy a contarte hasta las cicatrices no oficiales. Me vas a tener que decir por qué lugar del mundo te escapas. Me vas a enseñar en que rincón de la tierra tus sonrisas no son de cristal reciclado. Lo siento si no es oportuno pero quiero oír esos cuentos en que perdías el equilibrio. Quiero que me los grites todos. Que estoy muy sorda de tus ecos. Y después pienso dejar mis armas sobre la mesa y con las manos, sí con las manos, pienso desmitificar tu inclemencia.

Todo esto si fuera ayer y no hoy. Todo esto si pudiera reventarte con un grito las promesas que pactaste sin mi tiempo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Elogio a todo lo relacionado con el paso del tiempo


Acabo de encontrarme esta foto. Debe tener unas horas. Recuerdo que era jueves y que estabamos en Madrid. Recuerdo también que queriamos desayunar café con donuts y tostada con tomate, por supuesto. Después probablemente me duché y recojimos la habitacion. A lo mejor en esos tiempos aun te decia a los ojos que daría todo por verte feliz. (Que desde el primer día yo también tengo ese miedo a perderte.) Quizá por aquel entonces, "dormiamos tan juntos que amaneciamos siameses" o quizá no...


Lo peligrosamente rápido que pasa el tiempo. Lo jodido que puede llegar a ser darse cuenta de que las cosas cambian. Cuanto de todo lo anterior no es mas que polvo que pisar para tus pies descalzos. Cuanto no es más que una mentira de verdad. Por suerte, algunas cosas que se ven en la foto siempre seguirán ahí. No sé. Seguirás jugando entre las cortinas cuando menos me lo espere o seguirás persiguiéndome hasta ahí para vencerme con esta imagen. Pero lo más importante es que a 13 de Noviembre de 2o1o las cosas están como siempre. Que aún estamos a tiempo. O que a que tiempo estamos aún... Y que sí. Que lo que aparece en el espejo eres tú.