lunes, 17 de agosto de 2020

2020

Rocambolesco 2020

Cálmate

Que yo no me creo estos efectos especiales ni la mala letra con la que escribes ahora. Por mucho que continue tu rabieta mundial, no vas a dejar de gustarme. Pero echo de menos cuando eras ese tiempo vivo que abría su puño para que sopláramos momentos a fuerza de pulmón. Y entonces, bendito año, la magia salía de la palma de tu mano, la suerte de la punta de mi lengua y la musa, que se hacía humo para colarse en mis oídos, me hacía sonreír.

2020, ven, que no me gusta que no estés, que a mí me gustaban tus mañanas deprisa sumando cafés y esa forma casi heroica en que luchabas tus victorias. Me gustaba cuando hablabas de tí mientras bebías y parecía que la vida y su elegancia estuviera entre tu boca y la botella. Y me gustaba cuando te fumaste mis años de acero disparando una foto, y cuando me hablaste de la necesidad de perdonar, condenándome a mí ahora a perdonar tambien tu vacío delirante y esos ojos furtivos que morían y murieron de ganas. 2020, a mí me gustaba tu pecho partido y tus manos encima, el cigarro encendido y el balcón desnudándose. Y tu risa de enigma y tu abrazo de fondo...

2020, vuelve y no te apuntes la derrota, que después de esta primavera hueca al centro de mí misma, este verano ya no encaja en mi espalda, ni este caos cabe en mi boca, ni este enredo rima en mi voz. No puede ser que tu misterio se alargue como esta forma de abandonarnos en una huida tan confusa como un cepillo de dientes en la casa incorrecta, o una emoción en la sonrisa equivocada, o un amor de verano en mitad del invierno que pretendes.


Querido 2020:

Sola, y velando a los muertos de aire que dejó tu alegría, me encantaría encontrarte de nuevo, hacerte esperar, y creerme canalla antes de tropezarme otra vez en tus ojos. Que un virus es también tu mirada cuando me olvido la distancia y tu sonrisa se transmite en mi sonrisa. Que yo siempre he tenido la respiración incierta delante de ti. El gusto dudoso y el pulso vencido, pero el instinto cardíacamente preciso...

2020, no te rindas todavía. Porque yo sigo anotando los días que estás dejando a deber, respirando al ritmo de ese latido arrinconado que temías escuchar, luchando el fuego invisible que provocaron las madrugadas de sed en las que los secretos de tu vida y la mía aún rebrotan para perpetuar la historia de esta pandemia.

Si es difícil luchar lo que no se ve, imagínate lo que es saltar al vacio en estas letras por vivirte un rato más. Porque me sobra una duda y me falta un mensaje que explique que de alguna manera volverás. Y aunque no vuelvas a ser igual, ni nos vuelvas a querer, querido año, lo mejor que dejas es esta certeza en bruto de que el amor sigue siendo impar cuando lo divides, imperfecto cuando lo compartes, increíble cuando te sacude...



domingo, 2 de agosto de 2020

Hija del Nilo

Al imperio faraónico de tu mirada: hoy estás reinando en mi.

Y no me importa. Porque los esclavos de la libertad no tenemos destino. No llevamos escudo. No tenemos olvido. Somos la historia de las voces sin justicia que nos tallan en la piel. Vivimos al dictado de una fuerza que se nos libera en la sonrisa y se engancha desnuda al pecho. Para siempre.

Al reinado soberano de tu naturaleza: hoy me vence tu luz, me rindo a tu sombra.

Y me quedo aquí. Despegando tus pecas de mis manos como arena de playa mojada en la piel. Enrollando tu voz en una memoria sin recuerdos que ruge como un estómago vacío de tu risa. Jugando a ganarte el silencio, la boca y el nombre. Filtrando el tono de tus ojos, ignorando el ritmo de tu baile, respirando al compás de tus palabras. De tu magia. De tu encanto.

Hoy tengo más valentía que entereza. Y es que cuando el valor es incontrolable, la prudencia es cobardía.

Por eso gracias. Gracias por este ataque a la armonía, por destensar mi equilibrio con la sencillez de un niño que viene al mundo a ser feliz. Gracias. Por la velocidad. Por entrar sin llamar, por soñar sin permiso, por salir sin marcharte. Gracias por destapar el desorden, por crecer en las grietas, por gobernar esta guerra y no dejar heridos... solo un montón de emociones interminables que ahora luchan contra sí mismas por proteger tu recuerdo. Porque yo no tengo truco para desmemoriar este sueño. Ni olvido para hacerte historia.

Hija del Nilo, gracias por dejarte llevar, por hacer los cafés, por volverte postal y convertirte en leyenda...
Lo bonito de la magia, es esta ilusión de creer en el mago...