Me desequilibran tantos escalofríos que, más que volver a lucir venas de hielo y escarcha, lo que realmente me asusta es el tiempo que tardaran en congelarse. Esta fase de que tú me pongas la sangre más roja y yo no te ponga nada está teniendo el mal gusto de sabotearme la calma y la paciencia.
Luego, tal vez, vendra lo de siempre. Y entonces luchare por sobrevivirte con delicadeza. Yentonces encontrare esos porqués menos ciegos (y menos ciega) y más amargos.
Luego, tal vez, no vendra lo de siempre. Y entonces, quiza, me dare cuenta de lo mucho que no debí quererte. De lo mucho que no debería haber seguido queriéndote cuando me convertias en este monton de prisas