Aún consciente de la falta de equilibrio de este pacto cedí a negociar contigo mis sudores. Realmente no me importaba si te quedabas tú el 10% que no incluías o si jugabas con él en el mercado negro, porque el 90% restante que invertías en cada uno de tus besos por mi oreja terminó por llenarme la cabeza de un humo engañosamente complaciente.
Si me pregunto qué es lo que no hice bien contigo solo se me ocurre una cosa. Tendría que haber sido la charlatana que te contaron. La experimentada estafadora de pulmones. La boca descarada que baila de luna en luna que creías. Pero no. Me dejé mi fama en tu capricho. Y entonces te hablé de sacudidas, de velocidades y del privilegio de tenerte. Te conté sensaciones y ansiedades. Te pensé en exceso. Por dentro y por fuera. Te comí con la boca grande. Te enrollé en mis párpados. Te lavé las manos. Y hablé de ti. Mucho. Hasta cansar, hasta agotar. Hasta saberme de memoria las caras que ponían los demás cuando tu encanto era mi conversación. Hasta acostarme cada noche queriéndote en potencia, sabiendo que al día siguiente eso me parecería poco…
Hoy quiero delirar contigo aquí. Este es el lugar para asumir que todo tu circo me ha hecho tocar fondo. Que me has ganado todas las apuestas, todas las tormentas y todos los juegos. Incluido este. Que me dejé ganar todos los retos. Que pasé por todos los por ahí no paso. Que me creí todos tus 100% seguro a pesar de estar advertida de que tienes la lengua dispuesta. Y el desliz siempre a punto.
Pero no me importó. Y no he dejado de caer a tus pies. Sigo sin digerirte. Sigo sin soportar tu música con mi música. Demasiada agua para estas dos pupilas desbordadas de ti que seguirán mirando atrás incluso cuando dobles la esquina y cierres la página. Porque te necesito y necesito que sigas siendo esos dedos que buscan un no sé qué por mi ombligo. Y que me dejes tu olor en la cama. Y que me desquicien tus pies descalzos. Y que me anulen nuestros fuegos cruzados. Que me escribas mil tonterías en los apuntes. Que me ladre tu perro. Y que estalle de celos por dentro cuando te digo adelante queda con quien te apetezca.
Pero también te quiero hacer tan invisible que luego ni me sale. Llevo tu hora en mi reloj. Supongo que es porque son tus déjame solo 5 minutos los que más echo de menos. Y también supongo que es porque era tu voz la que más me gustaba descolgar. Y la que más me hacia sonreír cuando decías en 10 minutos te recojo…
Y podría faltarme el tiempo que esto ya no se merece si me pongo a enumerar la larga lista de recuerdos muertos. Porque diga lo que diga ahora ya no vale nada. Te me volviste hielo bajo el mismísimo y eterno sol de este agosto. Y yo ya no puedo derretirte las comisuras. Ya no tengo ganas de tantearte los rincones que no comprendo.
Me voy a quedar aquí, con las ganas rayadas de ti, queriéndote encontrar un punto y aparte y una cara que ponerte en la que no notes que lo más importante eres tú.
Y que sí. Que tus secuelas algun día tenían que doler.