Una vez, no importa ahora dónde, un gato se bajó del tejado. Ese día se estiró los bigotes y se vistió de ojos azul claro. Como en las mejores casualidades, ese mismo día la vió a ella. Y entonces tuvo que bajarse de la moto también. Como buen gato, merodeó varios días antes de acercarse de verdad. Y como a buen gato, la curiosidad también lo mató. Ella le quitó la primera vida y a él le gusto tanto que le regaló las otras 6 sin decírselo del todo.
Al principio ella no entendía nada, salvo esa sensación de que el cielo ya no estaba encima de ella cuando él la miraba. Después de un tiempo la sensación se hizo pasión. Y entonces ella sacó el alma y dijo: aquí me tienes. Y el cogió su alma. Y al cogerla le dejó sus huellas de gato por los dos costados.
A partir de ahí, el gato se olvidó de las noches en vela y de maullar por los tejados. Y le dijo a ella: te regalo la puerta de esta casa, ahora vengo. Se puso el mono de piloto, (porque este gato era piloto) subió al cielo, y le dijo: ahora elige. Y ella dijo: quiero el sol. Y él le bajó el sol. Desde entonces, cada vez que él ha entrado por esa puerta, ella solo ha visto luz.
Un día de hace más de medio siglo, ella dijo: y ¿ahora qué mas? Y él dijo: ahora sonríe en color sepia que esta foto es para siempre. Ella se vistió de blanco, se recogió la melena y dijo: vale, sí quiero. Y él fue tan feliz que le anotó otra vida a su favor. Y para celebrarlo, el gato le dijo a la luna: miau. Y la luna se hizo de miel para ellos todas las noches.
Con tanta dulzura, el empezó a sufrir de azúcar y entonces le dijo: dame una vida por si acaso. Ella lo miró y dijo: una no, te voy a dar tres. Y entonces se pusieron manos a la obra. Él le dió la tierra, y ella los frutos. El primero fue gato, como él. Los otros dos, más que gatas, catwoman, como ella...
Y yo siempre digo: como puede ser que cupiesen los 5 en la moto