sábado, 25 de septiembre de 2010

Él. El de mi vida


Ya sé de donde me viene esa costumbre de que las emociones se me queden por dentro y en lugar de salir, me brillen en la mirada.




Mi abuelo es un hombre como tantos otros. Un gato con 7 vidas de gato que aún maúlla en los tejados que le dejan. Un viejo surcado por unas arrugas que nada dicen de él, salvo gritar una edad que no tiene, porque él es mas diablo todavía.

Tiene una expresión como de hola y adiós, como de un eterno y sencillo mediodía. Soleado siempre, claro. Con sonrisa a sabor a vino dulce, por supuesto.


Él nunca cumple años, por eso en la familia solo celebramos quien es, como se llama.. Y tampoco se le nota, hace años que se quedó en la leyenda de sus cicatrices y en la suerte de sus hazañas, aunque también podría contarse como la suerte de sus cicatrices y la leyenda de su suerte.

Hace también años desde que se acuesta en la misma cama, que se levanta a la misma hora, que corretea las mismas calles y que va dejando el mismo rastro a don juan casado que cuando empezó a raparse la cabeza.


Piel roja, me pregunto si siempre le habrá sido fiel a sus ganas de vivir o utiliza las que va robando a punta de carcajadas asfixiantes que desmantelan el alma.

Sonríe sí. Y si se cabrea usa el cinturón que le sujeta los pantalones. Y vuelve a sonreír cuando se alegra y se le inunda el mirar. Y es que él no llora. Él se emociona. Y tampoco se ríe, se empeña en vivir...en vivirnos.




No te mueras nunca Sebas


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ella


Pequeña trotamundos, indocumentada de cualquiera de las historias que ha salido. Sufría desorientación aguda de los caminos establecidos y cáncer de conciencia. Sus trastornos de ignorancia y memoria sólo dolían en cuerpo ajeno y para fortuna de todos no eran visibles estéticamente. Se podía quererla de todas las formas posibles menos de la que a ella le saciaba. Dicen que todos nacemos con una disposición innata para amarla, admirarla y odiarla pero sólo en el tiempo presente. Si te distraes un momento te arrebata cualquier pasado anterior a ella y como principal consecuencia te absorbe, por lo pronto, el futuro más inmediato.
Figurante de todos tus sueños, perturba toda realidad perceptible al corazón. Porque ella ni habla, ni ve, ni escucha. Tiene los silencios enfermos de tanta intervención ilógica, de tanta fascinación furtiva. Te preguntarás entonces como sobrevive. Pero te equivocas. Porque ella simplemente te vive. Te entusiasma. Te seduce y te encanta. Y dicen también que después de eso aprovecha para morderte la voluntad sin premeditación (espero) pero con alevosía. Eso, amigos, te deja en el pecho la propulsión perfecta para un impulso impotente que puede ocasionar la locura*. En otras palabras, la sensación de que la necesitas, la requieres, y la consumes.
Yo por mi parte, ya no sé si la conocí o la he ido desconociendo (por circunstancias de la vida dirían algunos). El caso es que no puedo escribir de otra cosa.
*Locura: repetición continuada de lo mismo, esperando resultados diferentes.