Aquí estoy 30 años después. bienvenidos a mi fiesta. este es mi
homenaje a vosotros. 30 años de vida a través de la vuestra. este es mi cocktel de
recuerdos y verdades sin sabotear, con este corazón de hielo para
enfriar el calor que da desnudarse...
Nací
en mitad de un marzo de los maravillosos 90. era casi primavera. pero como
en un último impulso por recuperar lo suyo, el invierno me alcanzó para hacerme heredera
de su frío en las manos y soberana de su sol, crudo, por la espalda. para ese entonces, mi nombre ya había sido conquistado, Irene, que
significa paz en griego y tempestad dentro de mi casa y de algunos
corazones. y ante tal fenómeno natural de la naturaleza, mi padre me
enseñó a crecer a fé de los milagros de la tierra hasta sentirme
amueblada por sus prodigios. adoro al animal en el riesgo de la
libertad, la vida secreta del horizonte en las miradas y el oleaje vivo
que embiste el mar dentro del pecho...
Y aunque la
tormenta ya
ha termindo, 30 años después el catarro continua mal curándose... sigo
sin mirarte a los ojos azules en los bancos del parque, sigo seducida
por el
verde de aquella guerra tuya contra mí, sigo perdida en tus manos blancas por mi
cuello... sin embargo, mi última conciencia prefiero anunciarla yo: sigo
aquí, atrapada en una bestia inhabitable, a la defensiva del amor, como con la rebeldía
absurda de un Peter Pan que envejeció cuando te fuiste y ahora se mete
en tus sueños porque los míos perdieron el permiso para volar...
Ya viene lo bonito. porque si
pese al irremediable catarro, 30 años y una tempestad después, yo sigo aquí con licencia para soñar es porque hace tiempo que
me rendí al cobijo de vuestras sonrisas, al hogar invisible de los
abrazos en los que se calman mis 10 días malos...
dentro de mí, la
vida sucede de otra manera y las piezas encajan a vuestra merced.
gracias por unir los pedazos, 30 años es mucha fé en mí. así que gracias
por
las emociones, el amor que consumo es el amor que practico y ese siempre
empieza en vosotros y ya nunca acaba. sólo se transforma en estas ganas
de gritar que tengo una suerte que no me merezco, que me protege un
ejército de temibles imprudentes que nunca me entregan cuando me
persiguen los errores, locos sin conciencia como yo que nunca me señalan
cuando hablamos de los daños, niños muy grandes que saben que este
juego deja heridas que no cierran y sin embargo, sobreviven conmigo a la tristeza más
endémica que es la memoria desbordándose por aquella manera salvaje que
tenías de mirarnos...
30 años de vida, kilómetros de
sueños por tu espalda, caminos de ida que nunca me traeran de vuelta, y
millones de preguntas. querido dios, aún no he encontrado las respuestas
pero creo en todas estas sonrisas que crecen silvestres y huelen a paraíso. miradas que matan y copas que brindan, así son mis infiernos. así son las ciudades prohibidas que entierra mi pecho. gracias por las tardes en vilo, las
noches en vela, la risa al teléfono, y el amor a distancia... tu canción todavía suena por mi tripa cuando pienso en aquellas tardes que acababan en la playa !y que pereza...!
y es que estar vivo
es un don pero esta vida no es solo mía. estos años son todos vuestros.
así que gracias por el amor en formato pasión, en formato ternura y en formato
abandono. yo nunca aprenderé a perder en el último, ni a quererme, como lo hacías tú, en los dos primeros. pero gracias, tu herencia es esta corona de inquietudes que intento llevar con dignidad cuando me quito los demás adornos...
Mamá, al final he aprendido que fingir es ignorarse a uno mismo, así que no volveré a mentir. a estas alturas, sabrás ya que siempre estaré muy bien rodeada, siempre lo estuve en realidad... pero gracias por la duda. yo también dudo si quizá es demasiado pronto
para cubrirse de gloria, pero contar con todas vuestras buenas, y malas compañías me hace muy feliz. y eso es
mucha droga para esta crisis, mucha vida para estos 30...
Gracias de verdad. Os quiero a todos