miércoles, 24 de abril de 2019

Para siempre

Como un volcán dormido, con los ojos vendados y este nudo de promesas y silencios, sigo aquí esperando en esta deuda infinita que se renueva cada vez que me escucho nombrarte y se escapan tus fantasmas a través de la confusión de los pocos ojos que aún me aguantan tu recuerdo sin bajar la mirada...

Te busco sin remedio como un pirómano sin curar que se prende una mentira cada vez que huele a pólvora. Porque ahogarse en este incendio de vergüenzas y esperanzas es lo que más acerca a ti sin que te alejes. No habrá vida para tanto perdón, ni disculpa para tanta vida que se quedó encerrada en un abrazo que no volverá a ser el mismo...Y ahora, con tanto miedo al recuerdo como al olvido, me preparo para un oleaje que no te traerá de vuelta pero tampoco dejará que te vayas. Y entonces, me invento esta manera de flotar sobre mis lágrimas detrás de una sonrisa.  

Amor, si me vuelves a buscar, estaré debajo de las ruinas de su imperio, imaginando el día en el que el olvido me gane por fin y mis grietas se vacien de su luz. Mientras tanto, seguiré admitiendo que el desconsuelo que acaba con la amenza de un nunca equivale a la ilusión, que sin haber terminado de crecer, juega conmigo a ser para siempre...y se pinta bonitos los labios de rojo, y se cuelga preciosa en las fotos y se queda dormida conmigo en los brazos...

Preciosa, creo que esta distancia va a ser la más larga y verás en las noticias que esta primavera está cabreada al este del país y de mi pecho. Quizá el sol, por muchas estaciones que le enseñen, solo sepa templarme con tu mirada... pero es que yo tampoco tengo nombre para estas vistas de cielos vestidos de barro y estas sábanas frías cubiertas de invierno...

Así que, mientras esta estación se mide entre mi tiempo y tu distancia, entiendo que debo evitarte los últimos pronósticos de tormenta. Si aún estás a tiempo, he venido a limpiar lo sucio, a recoger mis miserias y a enfrentarme a los miedos que te inventaron los míos. Ya no creo que en el amor gane quien consigua salir ileso.

Lo único que quiero, lagartija, es que toda esa bondad te haga sentir gigante por una vez. Que te quieras en los ojos de alguien y que alguien te quiera a ojos cerrados. Que te quiebren los abrazos de ternura y que tu dulzura sea el único capricho de un abrazo... Que sigas rompiendo el hielo con chulería, o derritiéndolo con la mirada. Que creas en la magia de las cosas maravillosas que sabes crear y que sigas creyendo en las sirenas para una primera cita. Que bebas el vino en su copa pero el agua de mi vaso y la vida de los mares que vas a conquistar. No desconfíes. No titubees. No vuelvas a dudar. Ojalá no tengas nada que temer y sigas jugándote toda esa pasión, el sudor y las lágrimas sobre el pecho de alguien. Y sueñes muy fuerte con un susurro y viajes muy lento en una caricia. 

Que jamás se te sequen los besos en la boca de nadie y salgas a tallar tu corazón en la piel de quien te necesite. Que no se te rompa una noche ni la suavidad de tu aroma caliente. Que te devuelvan el cine de ciencia ficción, las fotos de dos para la pared y las siestas bajo la mesa después del arroz. Que te muestren la nieve otra vez y te regalen una canción al azar mientras viajas por fin en caravana buscando el pantano de Shrek. Que acampes en la montaña, enciendas tu fuego en sus ojos y digas te quiero en la playa que te moja la piel. Que agarres fuerte una mano que no usa reloj y beses mucho en la calle o dentro de tu portal. Que un recuerdo confundido, una nota sin querer o la memoria equivocada te hagan sonreír mientras tu brindas muy alto, y muy claro por otra ilusión...

Que bailes y bailes y bailes, y cantes y rías por mil y siempre haya alguien que te haga escribir, y que te escriba lo que sería, o será, toda una vida contigo...