jueves, 12 de marzo de 2020

Mi crisis de los 30

Aquí estoy 30 años después. bienvenidos a mi fiesta. este es mi homenaje a vosotros. 30 años de vida a través de la vuestra. este es mi cocktel de recuerdos y verdades sin sabotear, con este corazón de hielo para enfriar el calor que da desnudarse...

Nací en mitad de un marzo de los maravillosos 90. era casi primavera. pero como en un último impulso por recuperar lo suyo, el invierno me alcanzó para hacerme heredera de su frío en las manos y soberana de su sol, crudo, por la espalda. para ese entonces, mi nombre ya había sido conquistado, Irene, que significa paz en griego y tempestad dentro de mi casa y de algunos corazones. y ante tal fenómeno natural de la naturaleza, mi padre me enseñó a crecer a fé de los milagros de la tierra hasta sentirme amueblada por sus prodigios. adoro al animal en el riesgo de la libertad, la vida secreta del horizonte en las miradas y el oleaje vivo que embiste el mar dentro del pecho...

Y aunque la tormenta ya ha termindo, 30 años después el catarro continua mal curándose... sigo sin mirarte a los ojos azules en los bancos del parque, sigo seducida por el verde de aquella guerra tuya contra mí, sigo perdida en tus manos blancas por mi cuello... sin embargo, mi última conciencia prefiero anunciarla yo: sigo aquí, atrapada en una bestia inhabitable, a la defensiva del amor, como con la rebeldía absurda de un Peter Pan que envejeció cuando te fuiste y ahora se mete en tus sueños porque los míos perdieron el permiso para volar...

Ya viene lo bonito. porque si pese al irremediable catarro, 30 años y una tempestad después, yo sigo aquí con licencia para soñar es porque hace tiempo que me rendí al cobijo de vuestras sonrisas, al hogar invisible de los abrazos en los que se calman mis 10 días malos...
dentro de mí, la vida sucede de otra manera y las piezas encajan a vuestra merced. gracias por unir los pedazos, 30 años es mucha fé en mí. así que gracias por las emociones, el amor que consumo es el amor que practico y ese siempre empieza en vosotros y ya nunca acaba. sólo se transforma en estas ganas de gritar que tengo una suerte que no me merezco, que me protege un ejército de temibles imprudentes que nunca me entregan cuando me persiguen los errores, locos sin conciencia como yo que nunca me señalan cuando hablamos de los daños, niños muy grandes que saben que este juego deja heridas que no cierran y sin embargo, sobreviven conmigo a la tristeza más endémica que es la memoria desbordándose por aquella manera salvaje que tenías de mirarnos...

30 años de vida, kilómetros de sueños por tu espalda, caminos de ida que nunca me traeran de vuelta, y millones de preguntas. querido dios, aún no he encontrado las respuestas pero creo en todas estas sonrisas que crecen silvestres y huelen a paraíso. miradas que matan y copas que brindan, así son mis infiernos. así son las ciudades prohibidas que entierra mi pecho. gracias por las tardes en vilo, las noches en vela, la risa al teléfono, y el amor a distancia... tu canción todavía suena por mi tripa cuando pienso en aquellas tardes que acababan en la playa !y que pereza...!
y es que estar vivo es un don pero esta vida no es solo mía. estos años son todos vuestros. así que gracias por el amor en formato pasión, en formato ternura y en formato abandono. yo nunca aprenderé a perder en el último, ni a quererme, como lo hacías tú, en los dos primeros. pero gracias, tu herencia es esta corona de inquietudes que intento llevar con dignidad cuando me quito los demás adornos...


Mamá, al final he aprendido que fingir es ignorarse a uno mismo, así que no volveré a mentir. a estas alturas, sabrás ya que siempre estaré muy bien rodeada, siempre lo estuve en realidad... pero gracias por la duda. yo también dudo si quizá es demasiado pronto para cubrirse de gloria, pero contar con todas vuestras buenas, y malas compañías me hace muy feliz. y eso es mucha droga para esta crisis, mucha vida para estos 30...


Gracias de verdad. Os quiero a todos