Después de alejarme tanto en rutinas e interés durante estos meses llega la hora, como con todo, de abonar las consecuencias. Después de haber estrellado el recuerdo contra todos mis olvidos, llega el momento, más implacable que nunca, más impecable que de costumbre, de decir que, lo único que sentiré durante toda la vida es ésa o esta sensación de insignificancia.
Que no se me olvidará esta campaña de Ponle freno al corazon. Que a mi se han muerto menos si, pero porque no hemos hecho ni el intento de morirnos un poco. Hoy, cualquier kilómetro aleja más de lo que mide, y al cambio a milímetros se me hacen imposibles.
Si ya lo notarás en esta letra pequeña de corazón. Si ya lo noto yo en esta sensación de no encontrarse lo suficiente. Mira que juraría que era esto lo que quería. Mira que pagaría por volver e inyectarme una pizca de inestabilidad, de desorden, que me llevase a mi estado natural de ojos cerrados y dientes apretados.
Ahora con este lleno total, no hay ni un asiento para nadie. El miedo, esta vez se queda de pie… por llegar tarde, flojito y mal vestido. Que el espectáculo es sólo para pudientes. Que hoy yo molo colega.
Se acabó eso de conjugarme verbos que no me quedan. Lo que es la seguridad queda, por fin, privatizada en mi misma.
Lo que eran promesas, se me han cumplido todas, desde lo de quererte toda la vida, hasta lo de olvidarte todos los dias.
Asi que, lo único que me queda, y sin ofender a nadie, son un par de dudas lloronas y moribundas y es que, como ya te he dicho, lo único que me duele de verdad es que este ‘por fin’ haya perdido el por.
Lo que eran promesas, se me han cumplido todas, desde lo de quererte toda la vida, hasta lo de olvidarte todos los dias.
Asi que, lo único que me queda, y sin ofender a nadie, son un par de dudas lloronas y moribundas y es que, como ya te he dicho, lo único que me duele de verdad es que este ‘por fin’ haya perdido el por.
