Pequeña trotamundos, indocumentada de cualquiera de las historias que ha salido. Sufría desorientación aguda de los caminos establecidos y cáncer de conciencia. Sus trastornos de ignorancia y memoria sólo dolían en cuerpo ajeno y para fortuna de todos no eran visibles estéticamente. Se podía quererla de todas las formas posibles menos de la que a ella le saciaba. Dicen que todos nacemos con una disposición innata para amarla, admirarla y odiarla pero sólo en el tiempo presente. Si te distraes un momento te arrebata cualquier pasado anterior a ella y como principal consecuencia te absorbe, por lo pronto, el futuro más inmediato.
Figurante de todos tus sueños, perturba toda realidad perceptible al corazón. Porque ella ni habla, ni ve, ni escucha. Tiene los silencios enfermos de tanta intervención ilógica, de tanta fascinación furtiva. Te preguntarás entonces como sobrevive. Pero te equivocas. Porque ella simplemente te vive. Te entusiasma. Te seduce y te encanta. Y dicen también que después de eso aprovecha para morderte la voluntad sin premeditación (espero) pero con alevosía. Eso, amigos, te deja en el pecho la propulsión perfecta para un impulso impotente que puede ocasionar la locura*. En otras palabras, la sensación de que la necesitas, la requieres, y la consumes.
Yo por mi parte, ya no sé si la conocí o la he ido desconociendo (por circunstancias de la vida dirían algunos). El caso es que no puedo escribir de otra cosa.
*Locura: repetición continuada de lo mismo, esperando resultados diferentes.

Lo que escribes es fascinante... me encanta leer cosas que expresan tanta pasión.
ResponderEliminarNo pierdas tu esencia al estar perturbada... no te dejes llevar por la corriente.
Pienso que estos momentos de agonía son el momento que más "gilipolleces" hacemos y echamos a perder muchas cosas que realmente merecen la pena.
Pero tendriamos que preguntarnos...¿Qué nos merece la pena?