Nadie lo sabe. Pero fuimos tú y yo quienes fuimos acumulando todas esas nubes que originaron aquel diluvio que estalló justo despues de ponernos a salvo. Esta vez la crónica no la empecé yo. Guardé el luto por los restos de alguien y el miedo a tu nombre durante el mismo tiempo. Hasta que comprendí que no hay nada mas necesario que unos besos de agua fina en pleno Septiembre.
Aun es pronto para valorar la resaca de aquella noche. Eso sí, pensamos lo mismo de aquel caos de barro y el calor ha vuelto a esta ciudad desde que la vida exige poca ropa para surgir. Ponte como quieras, eres la bala que me guardé en tantas ferias absurdas. Eres el As en la manga que me escondí mucho antes de aprender a jugar. La trampa que, sin querer, le tendí al destino. La boca que reservé hace meses en un catálogo casual. El hechizo del miedo. El ring donde necesito rendirme...
Te engañe, os engañe a todos. Que tú habrás vivido más pero yo te ví primero...

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