domingo, 2 de agosto de 2020

Hija del Nilo

Al imperio faraónico de tu mirada: hoy estás reinando en mi.

Y no me importa. Porque los esclavos de la libertad no tenemos destino. No llevamos escudo. No tenemos olvido. Somos la historia de las voces sin justicia que nos tallan en la piel. Vivimos al dictado de una fuerza que se nos libera en la sonrisa y se engancha desnuda al pecho. Para siempre.

Al reinado soberano de tu naturaleza: hoy me vence tu luz, me rindo a tu sombra.

Y me quedo aquí. Despegando tus pecas de mis manos como arena de playa mojada en la piel. Enrollando tu voz en una memoria sin recuerdos que ruge como un estómago vacío de tu risa. Jugando a ganarte el silencio, la boca y el nombre. Filtrando el tono de tus ojos, ignorando el ritmo de tu baile, respirando al compás de tus palabras. De tu magia. De tu encanto.

Hoy tengo más valentía que entereza. Y es que cuando el valor es incontrolable, la prudencia es cobardía.

Por eso gracias. Gracias por este ataque a la armonía, por destensar mi equilibrio con la sencillez de un niño que viene al mundo a ser feliz. Gracias. Por la velocidad. Por entrar sin llamar, por soñar sin permiso, por salir sin marcharte. Gracias por destapar el desorden, por crecer en las grietas, por gobernar esta guerra y no dejar heridos... solo un montón de emociones interminables que ahora luchan contra sí mismas por proteger tu recuerdo. Porque yo no tengo truco para desmemoriar este sueño. Ni olvido para hacerte historia.

Hija del Nilo, gracias por dejarte llevar, por hacer los cafés, por volverte postal y convertirte en leyenda...
Lo bonito de la magia, es esta ilusión de creer en el mago...













No hay comentarios:

Publicar un comentario