los clientes piensan que la chica
de la chica de la plaza
no puede ser tan deslumbrante
como el brillo herido
de la sonrisa
que les vende buenos días
como los que no te supe hacer a ti
apreciados pescadores de otros peces,
estimados predicadores que transforman agua en vino
hidalgos,
plebeyos,
parroquianos y parroquianas,
no me queda verano azul este año
no hay mar adentro
de mis ojos
ni ola de calor
entre su boca y la mía
después del último abrazo
hecho a pedacitos de lo roto
ya no hay viento contrario
a tu pelo surfeando
en el paisaje de mis espejos
partidos
a golpe de reflejos
vacíos de ti
ya no sale un barco de tu isla
a rescatarme
y muere ahogado en la orilla
otro día que ya venía exhausto
pero con ganas de vivir
como habíamos soñado
casi lo consigue,
leen el periodico cada mañana,
pero no llegó a tiempo
de que otro tiempo llegara
y ya se habla de ti
y de mí
por separado
en un futuro imperfecto
que parece hacerse habitual
en la tortura de un presente
simple
seco
inerte
sin ti
a los clientes de mi radiante tristeza, borrachos
de tu conocida ausencia,
les digo que el verano está llegando
a un lugar que no será éste,
que agosto no aterrizará en la única terminal
en que un septiembre se juró eterno para siempre...
que tus olas
ya no lamerán esta playa
ni recogerás los mensajes que te lanzo
en las botellas que se beben
mientras intentan dibujarte
cuando yo les dicto
con el silencio templado de mi sonrisa
cómo era la chica
de la chica de la plaza
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