A ti.
Y al mar que contienes. Bienvenida a este naufragio del silencio. Porque estas olas son de tu azul y este azul es de tus ojos. Y esos ojos de una luz que ya es paisaje para siempre. Si no fuera la cobarde que soy, me encantaría decirte que aún recuerdo todas esas veces que me bebí secretamente el aroma de tu voz sin saber que un ojalá se me iba a enredar entre mi pecho y tu espalda. Y en mi escalada criminal hacia ninguna parte, confieso que me has dado tanto miedo que decir te quiero era como tomar una curva, detrás de otra… quién iba a saber que el privilegio era no hacerse preguntas y que el tesoro ya era tu duda durmiendo en mis manos…
Pero gracias por este carnaval de emociones. Yo ya me quito la máscara. Y también sigo aquí para rendirme en este corazón donde la ilusión crece salvaje y la vida me traiciona cuando me hace sonreír con la mirada equivocada. Sigo aquí, buscando la pieza que falta en mi infancia, quitándome de encima el abrazo que es tuyo mientras te imagino en los lugares que te explico en las postales…
Pero sigo aquí, y acabo de inventarme un mundo nuevo para perdonarme la última vez que intenté etiquetar este amor, como si así hubiera sido posible poder permitírmelo. Pequeña Libertad, es la sensación de haber crecido para quererte mejor. Gracias por traer el rastro de ti y vestir mi rutina a tu manera, por prestarle tu nombre a un deseo, un suspiro a este sueño, la cintura a esta fantasía…
Voy a seguir precisamente aquí, con mi alma y mis promesas y mi hambre por ti. Y seguirá mi latido. Y seguirá la vida provocándome en esa cumbre ya sin banderas, donde tu cara será siempre un desliz y lo nuestro una guerra donde no nos rozan las heridas…
por echarte de menos de esta manera…
No hay comentarios:
Publicar un comentario