domingo, 26 de septiembre de 2021

Lady Madrid

Lady Madrid no existe, 
pero me la he inventado
y os la presento. 

A Lady Madrid la conocí en una playa. Da igual el nombre y no importa la playa. Cuando apareció, tenía pinta de niña pero en un descuido mío, ella se creció mujer y yo adolescente. Y ya no hubo manera de estar a la altura de sus años. Tiene la edad de una condena ejemplar, los daños de aquella guerra mía, la vida esa que viene sin que la llames a recoger lo que es suyo. 

Mientras la tuve delante, la observaba sin saber qué hacer, y miraba el reloj solo para saber cuál es la hora exacta en la que se acaban los deseos porque seguir allí era un lujo con el que vencer al desencanto. Cualquier camarero hubiera dicho que era imposible mantener la sonrisa al ritmo de su voz, o guardar el equilibrio al lanzarse al vacío por sus piernas. Pero es que Lady Madrid es así. Tiene la elegancia mezclada con el descaro, y te revuelve entre el romanticismo y su provocación. Ella es así. Y habla como burlándose del pasado. Y se ríe del presente como si la libertad estuviera de su parte. Es que Lady Madrid es de esas que primero te miran en la fiesta, luego se saben tus canciones, y por último, te reducen con su perfume... Y luego te sueltan. Porque Lady Madrid no se queda, pero te atrapa. Conmigo lo hizo. Y al final de aquella noche ya solo me quedaba arena entre sus besos y el sabor a paraíso en todas partes. 

Lady Madrid no existe pero yo estuve con ella. Y no se si volverá porque el futuro es más suyo que mío. Pero si tuviera que elegir, me verías sonriendo. Porque Lady Madrid es inventada pero real. A mí me encanta cuando habla como si no tuviera miedo, como si ya se hubiera cobrado las deudas de cualquier nostalgia y tuviera controlado su destino en un puzzle de muy pocas piezas... A mí me conquistó cuando afirmó que para ella, el amor solamente es mamá, y el sexo algo tan común como su frescura. 

Ya te lo he dicho, Lady Madrid no existe pero estuvo conmigo. Yo no sé si podré olvidarla como si la hubiera querido, pues es la mejor manera de recordar a alguien, con cariño. Y no con hambre. Pero es que, a Lady Madrid le sobran los afectos porque ella es lo que hay entre la ternura y el vicio. Tampoco sé si podría tenerla si tuviera que olvidarla. U olvidarla si pudiera tenerla… porque ella es al mismo tiempo un juguete para mayores y la niña que juega contigo. Y conmigo… 

Lady Madrid no existe, pero sucedió. Y luego se fue. A mí me dejó su olor en la ropa, un chicle en la mesilla y una nota en la que firmaba con su nombre esta bala en mi memoria: “Nos vemos en Madrid…” 


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