martes, 29 de marzo de 2011

M


A M le hacía falta que nada fuera verdad. Que el viento de hace unas semanas le hubiera soplado en las calles unas cuantas moralejas (y así repartirlas). Que el sol de ayer no le hubiera calentando tantísimo la cabeza. Que las blancas palomas no cagasen con tanta puntería.
A M le hacía falta que le cerraran algunas tiendas donde solo venden souvenirs y recuerdos del tipo “pasaba por aquí y me he acordado de ti”; del tipo “me acordaba por aquí y he pasado de ti”. Quedarse por un día sin tiempo. Y que esa ausencia fuera el mejor descanso. El mejor alto. La mejor parada en la estación en la que es el tren el único que nos pierde a nosotros.
A M le hacía falta invertir en futuro (y no lo digo yo). Que terminen ya las obras (de tu arte). Que la limpien con un filtro de Tinder. Que la fumiguen contra la estupidez múltiple (que es la peor mosca). Y la frieguen con tus lágrimas.
A M le hacía falta una buena ley de prioridades personales. Y otra de posesiones intolerables. De manías irregulares. De mentiras mal versadas con fondos peor besados.
A M le hace falta un puente por cada pobre (necio). Que cierren un cine después de cada una de tus películas. Que abran una fosa común para tanto amor propio. Y una tumba por cada par de amantes bandidos. Más circos para tanto payaso y más reyes para tanto bufón.
A Murcia le hace falta lo que yo te diga. Hazme caso.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Paula

Paula. Te gustaba ese nombre ¿no? Te gustaba su nombre, ¿verdad?. Pues hoy la he visto. La he visto como nunca me hubiera imaginado. No sé si tú te acordaras de ella, pero si lo haces, recordaras que era tan perfecta que solo el hecho de tenerla enfrente te sabía a triunfo. O cuántas veces nos han aplaudido los ojos solo por verla. O cuantas veces han brindado mi sombra y la tuya si nos la cruzábamos a la vez. Pues bien. Como te iba diciendo hoy la he visto. Iba de puntillas por el borde de la acera de enfrente. Justo a la misma velocidad que yo, pero con esa prudencia tan poco suya. Estaba irreconocible. Tenía la cara llena de dudas muy bien criadas. De esas que si las revientas solo llevan razón. Si, es un poco desagradable, pero así la he visto. Y ¿te acuerdas de cómo caminaba? Pues tampoco es lo mismo. Comparado solo hace daño. Parecía que tiene miedo. Parecía que va buscando el susto. Y no sé si lo has pensado, pero cuando buscas algo es porque ya sabes que existe, porque ya lo has visto, porque ya te lo esperas. Y eso me preocupa. Y me preocupa tanto que para que lo entiendas, me preocupa mucho más de lo que a ti te pueda sugerir el verbo preocupar, inquietar o intranquilizar. Pero eso no importa. Lo que importa es Paula. Deberías de cruzártela tú. Y saber lo que es, o mejor dicho, lo que ya no es. Lo que ha dejado de ser, o para no equivocarnos, lo que ha dejado de parecer. Porque ahora Paula es tan mortal como mortífera. Esta tan dañada que hace daño, que sangra, que duele. En serio. Tendrías que verle las manos. Las tenia tan tocadas. Tan apretadas de miedo que es mejor apartar la vista. Increíble. Si. Con lo que Paula ha sido.

Joder.

Paula.

La certeza de mi suerte. El capricho de mi vida. Mi fantasía. Mi ridiculez. Mi expectativa elevada a ilusión. Mi verdad viniéndose a más. Mi confianza expuesta a cualquier tipo de decepción. Joder. Y ahora mira.

Y ahora mi problema es que no se qué hacer con lo que he visto. Ahora el problema nunca habia sido tan mío.

viernes, 4 de marzo de 2011

Julia

Los hay que disfrutan las curvas. Se divierten con la sensación de peligro. Otros están abonados a las rectas, y la verdad es que siempre serán el camino mas corto. A Julia, en cambio, le van los zigzags. Dice que le gustan porque puedes ir hacia delante, o ir hacia atrás, que dá lo mismo. Sin embargo, se despierta cada mañana con hambre en ese lugar que hay entre el corazón y los pulmones.

Yo no sabia nada. Pero tiene que dolerle

domingo, 27 de febrero de 2011

Ana

Ana tenía muy en cuenta que las cosas podían ser diferentes, pero que si eran así, debería brillar de cara al público, estar guapa y hacer los mejores equilibrios con los cafés. Le encanta cocinar. Lo ha probado todo. Y también le encanta leer, sobre todo entre líneas.

Ana vive sola. Habla poco. Y duerme con la ventana siempre abierta. Tiene submundos que no paran de contradecirse y muchas imágenes colgadas de la nuca. Pero lo que Ana tiene de verdad no sé escribirlo. Porque hay cosas que solo se escriben con sudor y saliva. Y con eso aun no me atrevo.

Yo de Ana escribo hasta aquí. Y hasta aquí es "donde todos morimos por las mismas cosas, pero vivimos por distintas personas".

jueves, 24 de febrero de 2011

Funciones vitales


Desde tu guerra no ves mi situación. Levanta la cabeza y observa. Hondean banderas blancas. Quiero un pacto de armonía. Un armisticio de paz. Un acuerdo de fin de trampas. Que tengo los folios viciados y las manos arriba. Todo el tiempo. Y tengo los ojos cedidos. La voluntad vendida. Y los alientos contados. No me preguntes si tengo el amor. Porque lo tengo alcanzado (por balas-perdidas). Pregúntate tú si quieres que lo use. Que lo aplique. Que lo explote y lo abuse y lo someta. Pero por favor, no me lo dejes doliendo en los brazos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Como salvar una vida

Como alguna vieja vidente ya presagio en su bola de cristal hace unos cuantos siglos, tú y yo teníamos que coincidir en algún momento de la historia. Pero teníamos que ponernos de acuerdo. Y nos ha costado. El bullicio popular y sobre todo tú, nos presentía por separado, pero las cartas ya habían sido leídas en alto y en claro. El destino decía que yo te vería primero, pero que tu tardarías en mirar. Y nada más cierto. Nunca olvidare el primer día en que me senté donde me senté porque estabas tú. Pero como estaba pronosticado, ni te alteraste. No tenían que pasar ni sapos ni princesas (aunque pasaron) para que tu fijaras en mi. Lo que tenía que pasar era el tiempo y una clase de seres raros sacados de fábulas para raros. Y entonces pasó.

Nos conocimos al tiempo en que tú picoteabas migajas varias y yo no dormía sola. No me contaste lo mejor de ti. Te dedicabas a mentir. A reír. A desvariar y a desatinar. Todo junto y sin parar. Y a mí no me sorprendía nada pero tú empezaste a acostumbrarte a nuestra clandestinidad. Y entonces todo iba bien. Todo en orden. Hasta que te conté el numero de disfraces y mascaras que llevaba puestos. Y eso te impactó tanto que lo nuestro explotó. Descargó. Fueron rachas de descarados fusilamientos y disparos. De insolentes atrevimientos. Y de guantazos no dados. El cuento entonces empezó a degenerar. Monarcas corrompidos, infantas delicadas, idiotas, estúpidos, y algunos bufones. No me lo negaras. Nos hicimos daño. Nos devastamos por las fiestas de pueblo y nos hicimos estragos con el alcohol. Teníamos que buscar otro papel para llevarnos bien. Y tengo tan mala memoria que no se cómo sucedió. Pero lo bueno es que sucedió.

Y entonces te reinventaste como paracaídas. Como mi paracaídas. Como mi chica rapada. Como mi otro yo y la parte que me falta. Y desde ahí no has dejado de ser los ojos que me hacen ver y la inmediata distancia que necesito. Mi espejo. Mi juez sin ley. Mi tercero en discordia. Mis celos. Mi amigo gay. Mi chino. Mi indio. Mi playa. El vestido que nunca me pongo. Mi edad. Mi geografía y mi exclamación.

Como yo, sabrás de todas las veces que nos hemos mandado lejos. Y habrás notado todas las veces que nos hemos censurado y desaprobado. Pero como yo también, pensarás que no ha valido la pena. Porque al final siempre nos hemos prestado las madrugadas. Porque al final siempre nos hemos servido la luna en bandeja de plata. Sea la hora que sea y sea el día que sea. Y que continúe así. Porque me encanta pestañearte y admirarte tanto y porque me haces viajar con tus aviones de papel.

Lo mejor será escribir que John Boy siga cantando en su sitio y que yo siempre le deba una cena.

Feliz cumpleaños precioso

miércoles, 2 de febrero de 2011

Unas veces se gana, y otras veces se aprende


Ya lo venían diciendo los más sabios (que no se por qué, pero suelen ser los más felices). “Lo mejor es vivir en la ignorancia”.

Y es que no hay nada como no saber. No hay ser mas campante que el que únicamente se sabe lo que sabe. Y ya está. De memoria o de corazón, que viene a ser lo mismo. (Saber lo que sabes. O sentir lo que sientes) El caso es no saber más de la cuenta. (y no sentir más de la cuenta. Estaba claro) Y solo contar con lo que sabes. Saberlo de verdad. Pero creerlo con cuidado. Sospecharlo de vez en cuando y tenerle un poco de miedo. Porque las condiciones, las personas, las emociones, y ese depósito de relaciones que somos, cambian, nos cambian o las cambiamos. Porque si te das cuenta, es lo único que no dura. Porque si te fijas, somos la excepción de las cosas que se prolongan. Y menos mal. Imagínate al paciente toda la vida esperando. O al tolerante, toda la vida entendiéndolo todo. O al constante, siempre tan perfecto. Sería un desastre. Un marrón. Pero tranqui, que para eso ya se inventaron los cambios, las mudanzas, y todas las palabras que empiezan por ex. Lo malo de estas transformaciones es que a veces se distraen con el tiempo, como las casualidades, los sueños o los deseos. Lo mismo juegan a tardar (y eso quiere decir que estas esperando), que aparecen a tus pies con un simple porque si (te guste o no) como razón. O lo mismo te joden y te atropellan mortalmente en un cruce donde tú creías que tenías visibilidad. Si esto último pasa, en realidad no tenías ninguna visibilidad, claridad o transparencia. O eres muy torpe y estúpido (que de esos hay muchos). O en realidad no querías mirar, y como dice el refrán, no hay mas ciego que el que no quiere ver. Y ahí lo dejo… ni siquiera me lo voy a aplicar. Que yo hoy, lo que quería, era hablar de las cosas que es mejor no saber, porque probablemente solo sean un segundo y después cambien. Humilde conciencia.

lunes, 31 de enero de 2011

Menos airbag y mas paracaidas

Alguien más listo que yo (mucho mas), me ha explicado hoy (en voz baja) lo que son las diferencias inevitables e incontrolables. Y ahora no me acuerdo de nada, pero antes has tenido tanta verdad. Y tanta razón.

Menos airbag y más paracaídas.

martes, 25 de enero de 2011

En las sombras


Soy un pato. Aunque me bautizan con cualquier otro nombre. Soy un pato. No zorreo. Pateo. Y pateo certidumbres e impaciencias. Pateo leyes, restricciones y respiraciones. Me permito el paso. Sorprendo. Precedo. Y regalo el gesto. Y así vamos. No hay problemas principales. No hay motivos personales. Es solo una serie de alientos y huellas animales por tu espalda. No hay cuentos que valgan. Ni hay princesa que lance su melena para ser rescatada. Aquí se cuentan las vertebras y se rescatan las lenguas de archivo. Aquí nos inventamos el día a día para vivirnos la noche a noche. Empezaría a decir que se te está quedando corto el disfraz de aire fresco que te puse. Que tal vez, lo que seas en realidad, es una plaga de huracanes indolentes a la luz pero nocivos en las sombras. Una racha de catástrofes en los pulmones. Una procesión de vértigos por una sangre que no se renueva desde que te tengo delante. Es asfixiarme por los ojos. Liquidarme a golpes de provocación. Que me estallen en el estomago uno por uno los sabores. Inflamarme. Reventar. Crujir. Y nunca querer escapar. Es saber que (por muy pato que yo sea) si tú sucedes tengo la muerte anunciada.

viernes, 21 de enero de 2011

21 de todos los eneros


Recibí tu postal y no te he dicho nada, pero ya sabes como soy. Y como hemos sido. Tú la experta en moda y yo el mas puro desastre de capuchas. Tú la experta en dietas y yo la devora ensaladillas de tu madre. Tú dos piernas del mas distinguido ballet y yo dos piernas de un fútbol, al que (por si nunca te lo dije) le encantaba que estuvieras en la grada. Bastante poco que ver la verdad. Nada que ver en realidad, salvo unos profesores que nos enseñaron lo mismo. Nada que ver, pero las dos piratas de promesas que no valen nada. Porque dime que no nos hemos prometido mil veces la última vez y al final hemos tenido que desprometernos entre excusas. Pero no importa. Porque ahora se puede decir que valió la pena. Que ni a ti ni a mi nos rayaron un te quiero en el coche. Que ni tú ni yo volveremos a perdernos por ningún pueblo que se llame Alguazas. Y no lo diré muy alto por si me escuchan los israelitas, esos que ya se tragaron todas nuestras risas del teléfono. Otra cosa es cuando se te cae el boli al suelo. Otras risas son las de nuestros quehaceres de la clase de Plástica. Pobre Velasco. Y pobre de mi que no sabes como echo de menos tu 968, comer en tu casa y volver a clase, y el Ford K rojo de tu madre. Y tranquila, que no voy a recordar aquí esas épocas en que te gustaba... y ... y ... jaja, porque entonces tu siempre dirás con quien salí yo y que Alberto te quiso a ti primero y que por eso yo tenia planeado matarte jaja. Pero bueno, ellos no han sido ni por asomo los importantes. Y eso lo se yo mejor que nadie, que acumulo mi lista de nombres santorales que cuelga en tu corcho, mas cada conquista tuya que me hace flipar, sobre todo esas a los que no les has dado el gusto. Y es que algunos nombres y algunos lugares siempre irán pegados a ti. Y es que la carretera del Raal solo conduce a momentos que solo llevan nuestros verbos. Que la Ribera es tuya y Sax me pertenece. Y eso lo sabes tú. Porque quien sabe porque, pero siempre escuchas paciente la situación de mis incendios y se que siempre tendrás una salida (de emergencia) para mi. Que haga lo que haga me excusas el cómo, el dónde, y el por quién. Supongo que eso tendrá mucho que ver con que me saques siempre tan bien en tus fotos. Que siiii, que lo digo, que las mejores me las has echado tú. Y que sí, que tu móvil, sea cual sea, siempre será mejor que el mío y que tus pies son con diferencia mucho mas bonitos que los míos. Y además de todo, eres ese ejemplo que dice que quien resiste gana (que si tu padre sacó el coche grande fue para recoger grandes premios). Si se puede pedir algo más, no dudo en que me lo ofrecerás cual magdalena rellena de Nutella. Especialmente para mi. Así que creo que no. Que no se puede pedir nada más. Me voy a guardar toda explicación de afecto. Porque sobra. Me voy a dejar todos los recuerdos en el bolsillo, (si no nombro aqui tu foto de mejicana y tu video de Dos Gardeñas reviento, Putri y que por si alguien se quiere acordar del trato de pantalones tu los tienes todos y no es justo) y te voy a desear el mejor de los cumpleaños. Las felicidades son mías.

sábado, 15 de enero de 2011

Retales de un catarro. Las Balas Perdidas


Ya no parece ayer cuando me vacilabas el primer beso, ahora está todo tan lejano como aquel viaje que nunca hicimos y sabes que, ahora me encantaría estar mirando las fotos que te prometí en aquel álbum que se quedó a medio, y sin embargo ni si quiera fui capaz de dejar una buena imagen de mi [...]








El día que observé que llevabas vaqueros remangados debí comprender que no te gusta arrastrar nada a ras del suelo. Pero quizá ese día acabé mas ocupada en tratar de arrancártelos en la parte de atrás de tu coche a partir de ahí supongo que ni me importó saber que podrías llegar a ser el mayor de mis pecados, así que empezamos por sentarnos en la última fila de un cine, comiendo palomitas, besos y pelis de ciencia ficción

... Solo compartíamos el odio por cualquier tipo de distancia y el amor por... No hubo casualidades. Me buscaste cinco veces y media, pero al final fui yo quien te encontró mirando al mar después del café.

... Al principio me asustaba la idea de meterme en tu cama, aun así acabé con soltura desordenando las sábanas, tus besos y tu vida. Fue a partir de ahí cuando tu comenzaste a ordenar la mía. Me fascinabas con tus cuentos increíbles, me lo creía todo todo. Que habías salido en el periódico, que una vez casi te mueres, que llevas un clavo en la pierna...

... Me contaste todos los lugares en los que habías estado, todos tus hazañas con éxito y todos tus amores sin amor. Rayé todos tus discos, cosí botones a tus pantalones y me deshice de tu reloj. Eso era demasiado, así que hicimos un trato. Tú te quedabas con mi inocencia y yo me trabajaría tu sistema nervioso

... Me inventé un mundo para tu corazón y para mi estómago. Y es que lo nuestro no tenia nada que ver con las pelis de amor de la tele. Era mucho más especial, con mas rotos y con todas las canciones que me enviaste en repeat...





miércoles, 5 de enero de 2011

Como cambia el cuento

Dame un beso
No te engañes
¿Me quieres?
No me deja mi madre
Respétame
Aquí no
Hoy conduzco yo
Mejor otro día
No te olvides
No me muerdas
Vale
Como quieras
Palabras
Palabrotas
No puede ser
¿Qué?
Nada
Adiós


viernes, 31 de diciembre de 2010

Lo que importa de verdad

Venga. Vamos a ponernos todos nostálgicos. Que hoy es el día. Vamos a pensar en todas las cosas que pasaron este año y luego te cuento una cosa. Porque antes de las risas, de los días de esplendor, de los orgasmos, de esa operación que salió bien, del verano eterno; Antes de este frio polar, de tus pasos vacilantes, de los gritos, de los hijos, de los nietos, del divorcio; antes de cortarme el pelo, de cruzarnos la cara, de los monstruos, de las brujas; antes de los patos, de la fe, del sudor, del hambre, de las noches, de los llantos. Antes de escribirnos a palos, de los abrazos, de los olores, de los hogares. Antes de volver, y de irnos.

Antes de la suerte, de la casualidad y del destino, lo que importa de verdad es que sabía que en este 2010 tenía las horas muy bien contadas.

Feliz 2011. Mis mejores deseos para todos

jueves, 2 de diciembre de 2010

Que sólo quería escribirte mucho y muy largo

Envidio que seas tú quién, después de todo, esté poniendo más corazón en esto. Por muy insensible que tengas la primera piel, jugar a algo que no te deja ganar siempre te abatirá en el suelo. Y a mí también. Envidio que, tú que presumías de que en lo que rabia, escuece y duele eras la más despistada, recuerdes, y sepas salir corriendo-cenicienta calle abajo cuando el reloj marca las horas, los días encantados. Envidio el atrevimiento con el que piensas. Y también el que usas para no hacerlo. Envidio como te quedas ahí en medio, esperando que la vida actúe o te odie para siempre. Pero sobre todo envidio que sólo lo hagas de corazón.
Quizá te sorprenderá, pero hoy me doy cuenta que he ganado. Que he visto a la luna en los huesos contigo y que aunque no estaba en los guiones, ha sido secretamente espectacular. Como tú. Como toda esa profundidad que escondes por inercia y que ni si quiera yo, nombrándola ahora, la alcanzo. Que he ganado porque he visto como despertabas cuando tenías que hacerlo. Que gracias a ti vuelvo a reconocer lo que pesa el amor firme y fuerte. Y por eso te pido perdón si alguna vez has sentido que quería quitarte un trozo. De eso o de lo que sea. Que no ha sido así. Y perdóname también por equivocarme al pensar. Que ahora sé que llevas en los bolsillos y no sabes cómo te honra. De verdad siento, y no imaginas cuánto, haberte pedido lo que ya estabas dando. Haber sido tan egoísta y haber sido tan idiota.

lunes, 29 de noviembre de 2010

A ti, que estas llorando al otro lado del espejo



Supongo que no tiene nada de especial confesar una vida en un blog. No es nada extraordinario poder describir las risas, o los llantos, las fuerzas, o los besos, o los impulsos, las veces que te vas o las veces que no has vuelto…


Las verdaderas historias de las personas ya no trascienden más de lo que lo hacen. Las pasiones escasean de realidad. Está todo lleno de palabras que solo buscan tus debilidades emocionales al final de cada renglón. Todo lleno de afirmaciones que escarban en tu desnutrición de afectos. Las canciones, los post, los rincones solo se dedican a lanzar interrogantes que cuestionan tus formas, tus alientos, tus idas y tus venidas. Todo lo que encuentras solo te indica que las cosas no son como deberían, pero nada ni nadie te explica porqué no lo son. Que falla. O que fracasa. Que es lo que desde el principio confundimos. No sé si me entiendes. Digo que todo el mundo tiene dos mitades y yo hoy las llamaría el principio y el final de cada persona. La primera y la última parte.


La primera parte se corresponde con la falta de familiaridad y es toda mentira. Y mentira en todo su esplendor, en todas sus versiones. Cruel por piadosa, y gorda por podrida. Mentiras al fin y al cabo. Mentira y punto. La otra parte, no es la segunda, es la última, pero no tiene nada que ver con terminar, ni acabar, ni liquidar. Se trata de completar, consumar. Caducar si acaso. Vivir la degeneración de la primera parte. Que te duelan sus mentiras, en otras palabras.


Y después lo más duro. La disciplina que no se estudia. La doctrina que no se cultiva. La lección que nunca se aprende, esa que en todo caso nos termina repasando a nosotros todas las veces. Y vaya repaso. Hablo de eso de desatarnos. Descosernos. De abrir la mano. De aprender a soltar. De descubrir que las distancias ahora se miden en ganas. De bajarse en la parada de antes. De saber cuándo no hay que mirar atrás porque podría rabiar. Porque todo lo que yo tenía delante se quiere quedar detrás.



Nunca aprenderemos a decir adiós, te digo.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Conmociones



Tengo una idea. Vamos a usar la máquina del tiempo. Vamos a imaginarnos que ayer es hoy otra vez. Que tú no eres tú y que yo si soy yo. Acomódate. Que voy a inventarme los verbos para llenarte los vacios de las costillas. No te muevas. Que voy a señalarte con el dedo todo lo que no te conozco. Y voy a comprar tus cuatro paredes. Y prepárate, porque voy a contarte hasta las cicatrices no oficiales. Me vas a tener que decir por qué lugar del mundo te escapas. Me vas a enseñar en que rincón de la tierra tus sonrisas no son de cristal reciclado. Lo siento si no es oportuno pero quiero oír esos cuentos en que perdías el equilibrio. Quiero que me los grites todos. Que estoy muy sorda de tus ecos. Y después pienso dejar mis armas sobre la mesa y con las manos, sí con las manos, pienso desmitificar tu inclemencia.

Todo esto si fuera ayer y no hoy. Todo esto si pudiera reventarte con un grito las promesas que pactaste sin mi tiempo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Elogio a todo lo relacionado con el paso del tiempo


Acabo de encontrarme esta foto. Debe tener unas horas. Recuerdo que era jueves y que estabamos en Madrid. Recuerdo también que queriamos desayunar café con donuts y tostada con tomate, por supuesto. Después probablemente me duché y recojimos la habitacion. A lo mejor en esos tiempos aun te decia a los ojos que daría todo por verte feliz. (Que desde el primer día yo también tengo ese miedo a perderte.) Quizá por aquel entonces, "dormiamos tan juntos que amaneciamos siameses" o quizá no...


Lo peligrosamente rápido que pasa el tiempo. Lo jodido que puede llegar a ser darse cuenta de que las cosas cambian. Cuanto de todo lo anterior no es mas que polvo que pisar para tus pies descalzos. Cuanto no es más que una mentira de verdad. Por suerte, algunas cosas que se ven en la foto siempre seguirán ahí. No sé. Seguirás jugando entre las cortinas cuando menos me lo espere o seguirás persiguiéndome hasta ahí para vencerme con esta imagen. Pero lo más importante es que a 13 de Noviembre de 2o1o las cosas están como siempre. Que aún estamos a tiempo. O que a que tiempo estamos aún... Y que sí. Que lo que aparece en el espejo eres tú.

jueves, 21 de octubre de 2010

Lo que no existe

Hay cosas que simplemente se dedican a no estar. A no existir. A no ser. Cosas que no residen ni constan. No se elevan y por tanto no caen. No se ubican ni se sienten. No permanecen. Ni se quedan. Ni continuan. No mueren porque no nacen. Y no faltan porque nunca aparecieron.

Son cosas que desde el principio sólo proponen su ausencia. Cosas que se quedan ahi, haciendose notar creando espacios que suplican su intento genial. Cosas que únicamente van abriendose vacios que imploran su invento urgente y que van ganando presencia a base de no estar. Sencillamente te insinuan su inexistencia. Y te seduce esa nada y te dejan una carencia toda mentira.

domingo, 17 de octubre de 2010

Por si aun te convenzo



Con diecinueve años bien llevados me voy dando cuenta de quién soy. Hay quién no se entera en su vida, así que mas me valdría darme con un canto.

Para empezar soy de las que no usan pijama y amontonan pasiones del revés en el fondo del armario. Y fantasmas debajo de la cama. No me gusta tirar ni tus zapatos.

Soy de esas que tienen peleas internas. Me pego un portazo y me grito a mí misma pero hacia dentro. Luego vuelvo a casa con un ramo de rosas, me hago el amor como nunca y no tengo mas remedio que perdonarme.

Con este plan, como decía una amiga, llegará el día que no quede mas remedio que dejarme. Me devolveré mis cosas y romperé mis fotos. Lloraré. Me hundiré. Y me moriré si algún día, por casualidad, me encuentro de frente por cualquier calle de mi vida. Maldita mi…




suerte si que tengo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Cerezo


Irremediablemente los días se suman y las noches me restan. El cóctel de desafíos y temeridades hace el aire demasiado pesado como para que lo respiremos pulmón con pulmón. A esta “aficionada a la prosa con intentos de aire de Garcilaso (y tufo a pedo si tenemos que ceñirnos a la realidad)” aun le quedan ganas de más.
Si empiezo a contar desde el final (o desde tu principio) aseguro que a esta labia suelta le sobran los verbos que parten el pecho en dos. Pero empezando por mis principios hoy doy las gracias y pido perdón al mismo tiempo. Y para demostrar que soy más que una verborrea empujada por un aliento deslucido ya por todo, también diré que sé que todo perdón y todo agradecimiento puesto en mis palabras te sabrán a poco. Pero como no encuentro nada mejor hoy prefiero callarme y no decir-te nada.
Que se te quede ese sabor en la boca de que (AÚN) te debo algo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Él. El de mi vida


Ya sé de donde me viene esa costumbre de que las emociones se me queden por dentro y en lugar de salir, me brillen en la mirada.




Mi abuelo es un hombre como tantos otros. Un gato con 7 vidas de gato que aún maúlla en los tejados que le dejan. Un viejo surcado por unas arrugas que nada dicen de él, salvo gritar una edad que no tiene, porque él es mas diablo todavía.

Tiene una expresión como de hola y adiós, como de un eterno y sencillo mediodía. Soleado siempre, claro. Con sonrisa a sabor a vino dulce, por supuesto.


Él nunca cumple años, por eso en la familia solo celebramos quien es, como se llama.. Y tampoco se le nota, hace años que se quedó en la leyenda de sus cicatrices y en la suerte de sus hazañas, aunque también podría contarse como la suerte de sus cicatrices y la leyenda de su suerte.

Hace también años desde que se acuesta en la misma cama, que se levanta a la misma hora, que corretea las mismas calles y que va dejando el mismo rastro a don juan casado que cuando empezó a raparse la cabeza.


Piel roja, me pregunto si siempre le habrá sido fiel a sus ganas de vivir o utiliza las que va robando a punta de carcajadas asfixiantes que desmantelan el alma.

Sonríe sí. Y si se cabrea usa el cinturón que le sujeta los pantalones. Y vuelve a sonreír cuando se alegra y se le inunda el mirar. Y es que él no llora. Él se emociona. Y tampoco se ríe, se empeña en vivir...en vivirnos.




No te mueras nunca Sebas


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ella


Pequeña trotamundos, indocumentada de cualquiera de las historias que ha salido. Sufría desorientación aguda de los caminos establecidos y cáncer de conciencia. Sus trastornos de ignorancia y memoria sólo dolían en cuerpo ajeno y para fortuna de todos no eran visibles estéticamente. Se podía quererla de todas las formas posibles menos de la que a ella le saciaba. Dicen que todos nacemos con una disposición innata para amarla, admirarla y odiarla pero sólo en el tiempo presente. Si te distraes un momento te arrebata cualquier pasado anterior a ella y como principal consecuencia te absorbe, por lo pronto, el futuro más inmediato.
Figurante de todos tus sueños, perturba toda realidad perceptible al corazón. Porque ella ni habla, ni ve, ni escucha. Tiene los silencios enfermos de tanta intervención ilógica, de tanta fascinación furtiva. Te preguntarás entonces como sobrevive. Pero te equivocas. Porque ella simplemente te vive. Te entusiasma. Te seduce y te encanta. Y dicen también que después de eso aprovecha para morderte la voluntad sin premeditación (espero) pero con alevosía. Eso, amigos, te deja en el pecho la propulsión perfecta para un impulso impotente que puede ocasionar la locura*. En otras palabras, la sensación de que la necesitas, la requieres, y la consumes.
Yo por mi parte, ya no sé si la conocí o la he ido desconociendo (por circunstancias de la vida dirían algunos). El caso es que no puedo escribir de otra cosa.
*Locura: repetición continuada de lo mismo, esperando resultados diferentes.

martes, 31 de agosto de 2010

31 de agosto



Desde este lado del mundo queda poco que contar. El escenario que dejaron los cuentos que hablaban de ti, de mí y del resto pide nuevos quehaceres. A las puertas hacen cola los buenos actores. Los que de verdad saben mentir. Dentro se acumulan todos los trastos de esta noria. Y entre bastidores sólo un perchero. No me supe dar cuenta de que me fui dejando colgados allí los días, las noches y los besos.

Hoy no esperaba comprender que Murcia se ve más bonita en tus ojos. Que tengo la mala costumbre de ponerte en todas partes.

Como anticipé, estaba preparada para todo excepto para ti.

Tus secuelas


Aún consciente de la falta de equilibrio de este pacto cedí a negociar contigo mis sudores. Realmente no me importaba si te quedabas tú el 10% que no incluías o si jugabas con él en el mercado negro, porque el 90% restante que invertías en cada uno de tus besos por mi oreja terminó por llenarme la cabeza de un humo engañosamente complaciente.
Si me pregunto qué es lo que no hice bien contigo solo se me ocurre una cosa. Tendría que haber sido la charlatana que te contaron. La experimentada estafadora de pulmones. La boca descarada que baila de luna en luna que creías. Pero no. Me dejé mi fama en tu capricho. Y entonces te hablé de sacudidas, de velocidades y del privilegio de tenerte. Te conté sensaciones y ansiedades. Te pensé en exceso. Por dentro y por fuera. Te comí con la boca grande. Te enrollé en mis párpados. Te lavé las manos. Y hablé de ti. Mucho. Hasta cansar, hasta agotar. Hasta saberme de memoria las caras que ponían los demás cuando tu encanto era mi conversación. Hasta acostarme cada noche queriéndote en potencia, sabiendo que al día siguiente eso me parecería poco…
Hoy quiero delirar contigo aquí. Este es el lugar para asumir que todo tu circo me ha hecho tocar fondo. Que me has ganado todas las apuestas, todas las tormentas y todos los juegos. Incluido este. Que me dejé ganar todos los retos. Que pasé por todos los por ahí no paso. Que me creí todos tus 100% seguro a pesar de estar advertida de que tienes la lengua dispuesta. Y el desliz siempre a punto.
Pero no me importó. Y no he dejado de caer a tus pies. Sigo sin digerirte. Sigo sin soportar tu música con mi música. Demasiada agua para estas dos pupilas desbordadas de ti que seguirán mirando atrás incluso cuando dobles la esquina y cierres la página. Porque te necesito y necesito que sigas siendo esos dedos que buscan un no sé qué por mi ombligo. Y que me dejes tu olor en la cama. Y que me desquicien tus pies descalzos. Y que me anulen nuestros fuegos cruzados. Que me escribas mil tonterías en los apuntes. Que me ladre tu perro. Y que estalle de celos por dentro cuando te digo adelante queda con quien te apetezca.
Pero también te quiero hacer tan invisible que luego ni me sale. Llevo tu hora en mi reloj. Supongo que es porque son tus déjame solo 5 minutos los que más echo de menos. Y también supongo que es porque era tu voz la que más me gustaba descolgar. Y la que más me hacia sonreír cuando decías en 10 minutos te recojo…
Y podría faltarme el tiempo que esto ya no se merece si me pongo a enumerar la larga lista de recuerdos muertos. Porque diga lo que diga ahora ya no vale nada. Te me volviste hielo bajo el mismísimo y eterno sol de este agosto. Y yo ya no puedo derretirte las comisuras. Ya no tengo ganas de tantearte los rincones que no comprendo.
Me voy a quedar aquí, con las ganas rayadas de ti, queriéndote encontrar un punto y aparte y una cara que ponerte en la que no notes que lo más importante eres tú.
Y que sí. Que tus secuelas algun día tenían que doler.

lunes, 23 de agosto de 2010

Casi Lunes


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Y es que desde el principio demostraste que tú tampoco entiendes de kilómetros. Y es que desde el principio entendí que, por más empeño que pongas, nunca controlarás los daños. Y que así siga. Que por más que te explique de qué van las evidencias y las provocaciones a ti te sonará a chino ridículo. Que para quererte hay que saber lo que es perder la razón en singular y en cualquier plural. Que para estar contigo hay que saber que después de ceder, perder y caer cualquier ánimo de venganza se verá desintegrado por una mínima mueca de tu cara. Porque para estar contigo he tenido que vestir a mis ganas de fe y después atornillarlas a la realidad con la que me has sorprendido día tras día. Y para eso hay que estar preparada. Yo y cualquiera que se te cruce. Que todo el mundo sabe que donde pones la intención pones la bala. Y si la pones todo empieza a desequilibrarse. El sentido, la coherencia, y el esto ahora no me apetece dejan de ser procesos hasta en las mentes más templadas. El orgullo. ¿Qué coño es el orgullo? Si para estar contigo sólo hay que conjugar dos verbos: volver y esperar. Volver a verte. Volver a que me cojas la mano. Volver a besarnos y esperar sentada en las horas a que todo vuelva a repetirse la próxima vez. Que tú quieras claro, porque cuando no quieres querer no hay ciencia que valga.
Contigo se aprende que eso de la paciencia no tiene futuro en tu contra, y en cambio cuando tú la llamas constancia y la utilizas en combinación con cualquiera de tus sonrisas no queda planeta desalineado en el universo. Por eso es aconsejable aflojarse tanto la esperanza como la desesperanza. Porque es imposible saber por dónde vas a esperar o por donde a desesperar. Pero lo que yo no sabía que era posible es beberse la elegancia directamente de la botella. Que a nadie le queda tan bien partirse las sonrisas en cada borrachera, en cada lo siento y en cada recuerdo venido a destiempo. Que tus noches canallas me reciclan los adjetivos, los otoños, y los silencios. Que ya no te puedo decir que no a nada porque tengo no sé cuantos mil bichos acariciándome el estómago. Y un puñado de vientos levantándome del suelo con cada beso. Que las armas de mujer no las saqué porque se me fueron cayendo una por una al suelo después de ver cómo te mueves. Caprichosamente. Que aunque nunca estaremos de acuerdo sobre quien incitó a quien, benditas todas las excusas que acaben en tus brazos. Benditas todas las mentiras que te lleven a mi cama. Por muy poco responsable que parezca. Por muy a instinto animal que suene. Que deberías darte un poco a todo el mundo, porque realmente es una pena nacer, crecer y morir para vivir al margen de tu vida. Y eso está ahí para comprobarlo. Porque sólo tú puedes ser todas las pasiones, o todos los errores, y además ser también todo lo que queda entre ellos. Y luego actuar como si fueras de este mundo…


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martes, 22 de junio de 2010

De mi a mi. II



Vete a casa. No me gusta tu tiempo. Me gustan tus ratos.



Guardas tu vida en un puñado de cajas que cargas en tu propia espalda. Las miradas pesan y ahora te das cuenta. Aunque te diré que hay quien ya ni te mira.


Tienes algo. No sé que es.


No les mires a la cara. Sumérgete en tu miedo como cuando éramos niños y soñábamos que no podías gritar. Estoy empezando a pensar que tampoco les escuchas, que te dedicas a leer los labios… a escribir las bocas… según mi concepto de madurez prematura claro.



Despierta! Sonríe. Sigue sonriendo. Bien. Mete las manos en los bolsillos y traga saliva porque aquí viene otra vez a mojarte las bragas. Besa mientras le presto todo lo que eres. Confío en ti y en que no vuelva a pasar lo de la última vez.



Me rindo. Se acabó. Esto ya no es lo que era..



Enteráte. Que te están robando el amor y eso es lo único que no puedo perdonar que le perdones.

lunes, 7 de junio de 2010

Casi de vuelta. Casi de bienvenida

"A veces las palabras se secan en los inexplicables otoños del alma. Caen pesadas, incapaces de volar, de convertirse en la esencia de las hojas, en el rasgo de las páginas, y son incapaces de nombrar los sentimientos o las cosas..."
David Cantero